viernes, 4 de septiembre de 2009

Leyendas cuencanas escenificadas en el teatro infantil

Con éxito concluyó el taller: “Conociendo Cuenca a través de leyenda”, de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión, núcleo del Azuay.

La Sala de Conciertos de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión, núcleo del Azuay la noche del jueves acogió a niños, niñas y padres de familia para la clausura del taller: “Conociendo Cuenca a través de leyenda”. La librería Pedro Páramo de la Casa de la Cultura, por segundo año consecutivo, en la época de verano desarrolla actividades lúdicas y recreativas para motivar la lectura en los más pequeños del hogar. Del 17 de agosto al 4 de septiembre, 33 niños y niñas disfrutaron de un taller educativo y lúdico.
Las leyendas: El Cura sin cabeza, Los Gagones, Las Brujas, El Farol de la Vida, La Piedra Encantada, El Perro Encadenado, El Río Tomebamba y el Taita Carnaval fueron un gancho para motivar el buen hábito de la lectura en los participantes.
Martha Orellana, responsable de la Librería Pedro Páramo, precisó que los talleres de la Casa de la Cultura son un espacio lúdico para que los más pequeños del hogar se diviertan y aprendan en la época vacacional.
Los niños y niñas, cuyas edades oscilan entre 6 y 12 años de edad, explotaron su creatividad al escribir dos cuentos a lo largo del taller. Entre sus creaciones se destacan: La monja sin plata y el taxista, El patito llorón, El ratón de los diamantes, El chico más malo de la clase, La neblina de la bruja, El gato embrujado, El niño perdido, El perro que ya no puede morder, El ladrón desobediente, El gato loco; entre otros. Los dos más pequeños del taller no escribieron los cuentos pero se expresaron con una historia narrada en dibujos.
En la última semana del taller los “chicos” visitaron: El río Tomebamba y su leyenda, El Barranco: su contexto histórico y ubicación, La plazoleta del Otorongo, El río Yanuncay, La colina de Cullca, Pumapungo, La Calle Larga,
San Sebastián, entre otros espacios que contienen gran potencial para la recreación del género de la leyenda y su utilidad en el aprendizaje de la lectura.
Tras las visitas in situ, los participantes del taller se dedicaron a escenificar los personajes de las leyendas: “Bautizo del Río Tomebamba” y “La piedra encantada”.
El guión de las leyendas fueron escritos por los faclilitadores Franklin Murillo y Guillermo Goméz Jurado. Martha Orellana se encargó de la caracterización de los personajes y el vestuario.

Talento y creatividad
Cada uno de los participantes del taller se inmiscuyó en los personajes de las leyendas. Los de la jornada matutina presentaron: “Bautizo del Río Tomebamba” y los de la tarde, “La piedra encantada”.
La primera historia hace alusión a 1950, año en que se produjo el desbordamiento del Río Tomebamba. El Obispo tuvo que ir a bautizarlo con el nombre de Julián Matadero. Se dice que desde aquella época el río no se ha desbordado de sus márgenes.
Y la segunda, una piedra inmensa del Barrio Obrero. Un mito que se había creado en torno a la piedra al decir que cumplía todos los deseos amorosos. La verdad es que en ese barrio había mucha población joven por lo que fue necesario crear una historia para evitar los lazos de amor, explicó Martha Orellana.
Entre los personajes principales de las historias de la localidad representadas por los niños y niñas se destacan: El Río Tomebamba, Machángara, Yanuncay y Tarqui, beatas, la casa, el Puente Roto y la Cruz del Vado.
El perro, la piedra, el sol, la luna, la pareja de enamorados y un grupo de señoritas. (KLP)

Impresiones
Lesly Banda, La Casa
“Mi fachada no es mi belleza. Puedes ver mucha historia que abarco y por ella, me la saco. No, no, que culpa tengo yo”, fue la frase textual que emitió La Casa, uno de los personajes de la leyenda: “Bautizo del Río Tomebamaba”. La niña de 9 años y estudiante de la escuela Bilingüe Interamericano precisó su gusto por la actuación. “En un día me aprendí los textos”.

Cristian Llivicura, Río Tomebamba
“Ahora les demostraré que tan malo puedo ser. Se burlan de mí, me hechan basura y no me respetan. Ahora mi enojo se hará evidente”, comentó el niño de 10 años del plantel educativo El Bosque de Patamarca. Los talleres me han servido para hacer amigos y aprender sobre la historia.

Cristina Rendón, Vieja Beata
“Me muero, que miedo, espero que me escuche el cielo. Donde Santo Obispo voy de rumbo. Creo que este es el fin del mundo”, expresó la alumna de 11 años de La Salle. Para la niña es agradable representar un personaje porque le permite crecer como persona. (KLP)